Bernard les invitó a la cena y les agradeció cuanto les habían dicho. Por un momento sintió pena de no poder hacer ese viaje que parecía tan especial, pero su misión era llegar hasta el sur y esperar allí las órdenes de su señor, era el compromiso que había adquirido y no podía decepcionar a quien había puesto su confianza en él. Pensó que cuando todo esto pasara se lo plantearía a Marie y en agradecimiento por haber salido con bien de esta situación, los dos irían como peregrinos hasta Santiago, pero ahora lo importante era poner en orden las encomiendas y estar preparado para cuando tuviera que actuar.

Se despidieron de los peregrinos  deseándoles un feliz regreso a sus casas y subieron a la habitación para descansar, ya que al día siguiente pensaban recuperar el tiempo que hoy habían perdido haciendo la parada antes que de costumbre.

Los dos días siguientes caminaron solos, también llegó a agradecer la soledad que le ofrecían las amplias tierras por las que pasaban, además; le dio tiempo para pensar en su situación, analizar todo lo que podía hacer y las opciones que tenía para restablecer la situación en la que su señor se encontraba.

Al tercer día vieron a lo lejos un grupo de seis personas, según se fueron acercando comprobaron que eran sus amigos Jacques y Michael con sus esposas, a los que se habían unido dos peregrinos más. Eran Francois y su hijo Jean que iban en busca de mejor fortuna en otras tierras, como no tenían un rumbo fijo y se habían extraviado en varias ocasiones, al ver a los peregrinos, decidieron acompañarles.

—Qué alegría volver a veros —dijo Bernard.

—Lo mismo os digo compañeros —respondió Jacques —estos son Francois y Jean, que se han unido a nosotros hace dos días y seguramente nos acompañarán hasta que se cansen de nosotros o encuentren ese lugar donde el destino quiere llevarles.

—Hola —respondieron padre e hijo al unísono.

Francois rondaba los cuarenta años y era cantero, bueno, hacía un poco de todo y conocía los secretos de muchos oficios, al quedarse sin trabajo en su pueblo decidió buscar otros lugares en los que hubiera más oportunidades. Jean era un muchacho algo tímido, debía tener unos dieciocho años y no se apartaba de una flauta hecha con caña que hacía sonar constantemente; las melodías que extraía de aquel instrumento resultaban muy agradables.

—Voy hacia el sur para ver si encuentro trabajo, pero al encontrarme con estos peregrinos me han animado a que vaya con ellos, me han dicho que Castilla es rica y hay muchas oportunidades, por eso voy en busca de fortuna, a ver si la suerte me sonríe.

—Pues vamos todos en la misma dirección o sea que mientras caminemos juntos nos apoyaremos los unos en los otros.

Francoise y su hijo llevaban un pequeño asno en el que se iban alternando, mientras uno iba montado sobre él el otro caminaba. Bernard les propuso que repartieran la carga del asno que la llevaba entre los dos asnos, así podrían montar cada uno en un asno y llevar un paso similar, esto haría que quién caminara no retrasase a quién iba montado en el asno.

La lona que utilizaban para guarecerse de la lluvia y del frío que hacía algunas noches, se estaba quedando pequeña para cubrir a los ocho peregrinos.

—De esta forma dormimos más juntos y sentimos el calor de nuestros cuerpos —bromeó Jacques.

Todos sonrieron burlonamente mientras tensaban las cuerdas con las que estiraban la lona para que se mantuviera sin ninguna arruga.

Se encontraban en medio del campo. Había leña suficiente para hacer un buen fuego con el que entrar en calor y, apartando algunas brasas, asar algunas verduras que llevaban junto a una liebre que el joven Jean había conseguido cazar mientras los demás montaban la lona.

Al verle llegar con la liebre todos bromearon con el joven, pero se alegraron porque al fin iban a poder comer carne fresca.

—Mirar lo que nos trae el furtivo —dijo Michael.

—Siempre ha sido muy hábil para estas cosas —dijo el padre del joven —parece que huela a los animales y sabe por dónde van a pasar antes de que lo hagan. Para capturarles lleva una cuerda que pone como lazo, donde quedan apresados los animales según van corriendo, pero cuando no tiene una cuerda a mano, coge unos juncos finos o unas hierbas que le hacen el mismo efecto.