En la mesa había abundancia de comida, se percibía que el molinero disponía de una buena posición, pues desde que la encomienda de la orden se había puesto en su casa, le había permitido vivir con muchas comodidades. Era un hombre que siempre se había mantenido fiel a la orden, como atestiguaban los informes que Bernard había podido leer.

En una bandeja había varios embutidos que según Nicolás eran todos de la casa, también había un guisado de verduras con carne de cerdo, un pollo asado y una gran trucha pescada en el río que habían cocinado en el horno de leña; en la fuente, rodeando a la trucha, había unas verduras también asadas.

Bernard y Marie se fijaron enseguida en el pescado, hacía tiempo que no habían visto algo tan fresco y Nicolás, que se percató de ello, les puso la bandeja para que se sirvieran.

Se interesaron por el viaje que estaban haciendo y por las vicisitudes por las que estaban pasando, cuando terminaran de comer y se quedaran solos, ya tendrían ocasión de hablar sobre el asunto que había llevado allí al consejero de la orden.

Cuando las mujeres se retiraron para dejar solos a los dos hombres, Nicolás le presentó las cuentas y los movimientos que se habían producido en la encomienda desde la última visita que recibió. Bernard le echo un vistazo por encima sin querer profundizar en detalles, el preceptor le inspiraba la suficiente confianza como para no tener que supervisar las cuentas.

—Está como deseáis —preguntó.

—Seguro que sí —dijo Bernard —sabéis que contáis con la confianza de la orden y vuestra fidelidad está fuera de duda. Ahora lo que debemos hacer es proteger el dinero que guardáis, es posible que recibáis la visita de nuestros enemigos y no deben localizarlo.

—¿No os lo vais a llevar?

—No amigo, creo que estará más seguro si se queda aquí oculto, los caminos no resultan seguros y yo no puedo llevar tanto dinero encima.

—Pues pensaré en algunos lugares en los que pueda mantenerse a buen recaudo y mañana os los mostraré para que vos decidáis.

—Me parece muy bien, tú conoces mejor cuáles pueden ser los sitios en los que pase desapercibido. Guárdalo todo en un cofre de madera resistente y mañana miramos dónde podemos esconderlo.

El resto de la tarde la pasó comprobando cómo funcionaba el molino, fue preguntando a los operarios las funciones que tenía cada una de las máquinas y ayudó en algunas de las labores que se hacían. Cuando Marie vino para ver lo que hacía, fueron a dar un paseo por el borde del río y en una arboleda se tumbaron sobre la hierba escuchando como el agua discurría a su lado.

Como los anfitriones vieron el entusiasmo con el que sus invitados consumían el pescado, por la noche les habían preparado dos peces más, cocinados de diferente forma, uno estaba guisado y el otro lo habían asado encima de unas brasas, ambos les parecieron exquisitos a Bernard y a su esposa que agradecieron todas las atenciones que les habían dispensado. A la mañana siguiente, después del desayuno, Nicolás estaba dispuesto para que juntos fueran a ver los tres lugares en los que había pensado que se podía ocultar el cofre.