—Voy a ver si el hermano Ramiro no tiene nada que hacer —Bernard sabía que no se movía ni un instante del lado del niño, excepto la hora en la que se ausentaba del cuarto —y si él se queda pendiente de Marie voy a cenar con vosotros.

Bernard le dijo a Ramiro que estaría una o dos horas con sus amigos en el comedor que había en el hospital de los peregrinos y que si había alguna novedad fuera o mandara a alguien allí para avisarle.

La cena que los monjes servían a los peregrinos era muy abundante y nutritiva. En un gran caldero habían hervido todo tipo de verduras que tenían en la huerta, luego les pusieron un cuenco con alubias cocidas con unos pedazos de carne que les servían aparte. De las cepas que había en el exterior del monasterio y de los árboles frutales del huerto cogían diariamente los racimos de uvas y las frutas más maduras para ponerlas de postre.  Cuando llegaba el momento de la recolección, se utilizaban para hacer ese vino que con tanta habilidad sabían elaborar los monjes y era apreciado en toda la comarca.

—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Pascal.

—Esperaré a que Marie se recupere y nos instalaremos por esta zona, con el niño no podemos seguir; al menos por el momento.

—¿Y si ella no se recupera?, hay que ponerse en el peor de los casos.

—Eso no lo había pensado, o quizá no quiera pensarlo. Cuando llegue el momento en el que tenga que tomar la decisión lo haré.

—Nosotros no podemos quedarnos, debemos continuar adelante, pero sabes dónde estamos por si necesitas algo; si así fuere, no tienes más que alcanzarnos y en lo que podamos ayudarte lo haremos. Me estoy poniendo en lo peor, si Marie no se recupera, hasta que crezca, puedes contar con que cada una de nuestras mujeres se hará cargo del niño.

—Os lo agradezco y lo tendré en cuenta; pero sigo confiando en que Marie se recupere, si ha aguantado una semana sin que se produzca el fatídico desenlace, creo que saldrá adelante.

Bernard se interesó por todos, les preguntó cómo habían superado las montañas que casi le costaron la vida, también por los planes que tenían ahora que estaban en un nuevo país. Ellos todavía no tenían claro hasta dónde seguirían, pero sabían que se quedarían por estas tierras para ver si podían establecerse dignamente y podrían mantenerse con el fruto de su trabajo.

Ya había anochecido y los peregrinos tenían que ir a sus cuartos a descansar, también Bernard tenía que regresar junto a Marie, por lo que se fue despidiendo de todos los que ya consideraba sus amigos y deseándose mutua buena suerte, confiaron que el destino volviera a reunirles en mejores condiciones que las que tenían en ese momento.

Ramiro le dijo que no había ninguna novedad, el niño acababa de tomar su leche y en unas horas no se despertaría, por lo que los dos se acostaron en sus camas con la intención de descansar.

Bernard tardó en conciliar el sueño, sentía envidia de sus amigos que al día siguiente continuarían su marcha y no se quitaba de la cabeza el día en el que él pudiera hacer lo mismo que ellos, pero por más que se esforzaba, no veía el día que pudiera hacerlo. También por primera vez fue consciente de lo que le había dicho Pascal, debía comenzar a hacerse a la idea que Marie no se pudiera recuperar, tenía al menos que contemplarlo y pensar cómo sería en ese momento su vida.