—Lo intentaré.

—Con eso no me basta, tiene que conseguirlo, sé que lo hará y si no me llevaré una decepción con usted ya que creía que comenzaba a conocerlo y siempre que he pensado en este momento, estaba seguro de que sabría cómo afrontarlo. No le veo como una persona que se acobarda ante las adversidades, solo debe pensar cómo llegó hasta aquí, nadie en las condiciones que usted pasó lo hubiera conseguido, si lo hizo fue por las personas que quería y una de ellas sigue dependiendo todavía de usted.

—Creo que tiene razón, estoy actuando de una forma egoísta y viendo solo el camino más fácil.

—Eso es lo que quería oír, ahora vaya a dar un paseo, lo necesita para que le dé un poco el aire y mientras lo hace, piense lo que puedo hacer por usted. Dentro de dos horas le espero en la biblioteca y comentamos su futuro.

Bernard siguió el consejo del prior y dejó atrás el monasterio dirigiéndose hasta el monte por el que hace tanto tiempo llegó hasta allí. El aire que venía de la montaña estaba cargado del frío de la nieve que aún se mantenía en alguna de las cumbres más altas. Por momentos pensó en regresar para coger algo de ropa de abrigo, pero descartó la idea ya que el frío le vendría muy bien para reflexionar.

Estuvo analizando lo que había sido su vida hasta ese momento. Se sentía satisfecho de lo que había hecho, aunque pensó que de nada serviría si ahora se detenía y no seguía completando esa misión que le había conducido hasta allí. Marie tampoco lo hubiera entendido porque también parte de su familia había sido purgada en el ajuste de cuentas.

Se dio cuenta que era un privilegiado por haber tenido la oportunidad de poder ser útil a la comunidad a la que servía; todavía había mucha gente que dependía de las actuaciones y las decisiones que él tomara. No había terminado su labor, aún quedaban en los nuevos reinos en los que se encontraba más encomiendas, personas que debían estar desorientados porque no tenían informaciones veraces de lo que había ocurrido y estarían esperando que alguien les dijera lo que debían hacer: ese alguien era él.

También pensó en su hijo, podía dejarlo al cargo de alguna familia que lo cuidara, les gratificaría generosamente pues disponía del dinero suficiente para hacerlo. Cuando terminara de hacer su trabajo regresaría a buscarlo una vez que se hubiera establecido definitivamente y a partir de entonces dedicaría el resto de su vida a su cuidado y a su educación.

Descendió de la montaña sintiéndose liberado. El espacio abierto en el que se encontraba le había permitido ver con nitidez la situación en la que se encontraba y le había mostrado el camino que debía seguir, algo que entre los muros del monasterio no consiguió ver en ningún momento ya que su mente estaba centrada en otro tipo de problemas.

Según iba descendiendo llamaron su atención dos peregrinos que daba la impresión que se sentían perdidos en aquel lugar.

—Monsieur —gritó uno de ellos —¿vamos bien para llegar al pueblo?

—Sí —dijo Bernard —después de esa loma ya podrán ver el monasterio donde encontrarán acogida. Yo voy hasta allí, si lo desean les acompañaré.

—Gracias —dijo el otro. Al no divisar ninguna casa, pensábamos que nos habíamos perdido, en lo alto del monte tuvimos un momento de duda sobre el camino que debíamos seguir.