—¿Has pensado lo que vas a hacer a partir de ahora? Si puedo ayudarte en algo no tienes más que pedírmelo y trataré de ayudarte.

—Creo que todavía no he terminado mi misión y ésta debe estar por encima de todo, incluso de las cuestiones personales. Buscaré una familia que se haga cargo de mi hijo y seguiré visitando las encomiendas que aún no hayan caído en poder de los que quieren destruirlas.

—Es difícil que puedas encontrar alguien que te dé garantías de que tu hijo se encontrará seguro y eso te impedirá centrarte en lo que tienes que hacer. Puedes dejar aquí al pequeño, pasará desapercibido ya que siempre podemos decir que por caridad cristiana nos hicimos cargo de él cuando falleció su madre y no tenía a nadie en este mundo. El hermano Ramiro se ocupará del pequeño hasta que regreses a recogerlo.

—No esperaba tanto de usted, eso simplifica todos mis problemas y de esta forma podré realizar mi trabajo con más garantías.

—Pues si estás de acuerdo, lo haremos de esa forma; pero lo primero que tenemos que hacer es bautizarlo pues esperabas a que tu esposa se recuperara y antes que te vayas debe ser un cristiano más, como el resto de los que estamos en este lugar.

Yo iré preparándote los salvoconductos que vas a necesitar, te confeccionaré una lista de aquellos lugares en los que tengo alguna influencia en nuestro reino, así te facilitaran todo lo que necesitas para completar tu labor y, además, ellos se encargarán de ir poniéndote en contacto con las personas de confianza del Reino de Castilla y el de León.

El prior se levantó del sillón en el que se encontraba sentado, se quitó los hábitos que se había puesto para confesar a Bernard y así hablar con él con la confianza de quien se considera su amigo.

—Ya no hace falta esto —dijo.

—Gracias Rodrigo —era la primera vez que llamaba al prior por su nombre de pila, eso le inspiró más confianza.

—Has pensado el nombre que le vas a poner al niño —preguntó el prior.

—No lo he pensado, esperaba que fuera Marie quien lo eligiera y no he pensado en ello, creo que le pondré un nombre como los de estas tierras, no quiero que nada le relacione con mi país. Como el hermano Ramiro es quien más se ha hecho cargo de él, creo que será un buen nombre; además, si va a seguir a su cuidado, le hará ilusión que lleve el mismo nombre que él.

—Pues vete a comunicárselo, mientras yo iré preparando las cosas para que pueda partir en el momento que lo desee.

—Una cosa más —dijo Bernard —solo dispongo de luises de oro y me gustaría cambiarlos por la moneda de este reino, por lo que desearía que me pudiera facilitar el cambio para no levantar sospechas con las monedas francesas.

—Lo tendré todo preparado —dijo el prior.

Fin del capítulo XVIII