—Pero de qué nos serviría el dinero si acabamos siendo unos proscritos.

—El dinero es poder y si tenemos el poder y sabemos cómo utilizarlo; podremos, cuando sea el momento, darle la utilidad que nos ayude en nuestros fines.

—Me gustaría poder ser útil y ayudar a conseguir que todo vuelva a la normalidad —dijo Rodrigo.

—Estoy seguro de que lo harás, llegará ese momento en el que tu lealtad sea necesaria y tu influencia nos resulte imprescindible.

—Cuenta conmigo para lo que necesites; y en cuanto a tu protección, no debes preocuparte, en nuestro reino, mientras estés a nuestro cuidado, nadie se atreverá a hacerte nada.

Casi sin darse cuenta fueron llegando a otra importante población del reino. Comenzaban a divisar a lo lejos las torres de los edificios religiosos que sobresalían sobre el resto de las edificaciones.

—Estamos llegando a Sahagún, aquí podemos detenernos a comer y verás unas construcciones diferentes. Como en este lugar no hay canteras donde extraer los bloques de piedra, las iglesias se construyen desde su base con ladrillo cocido. Muchos de los constructores de estos templos proceden de tierras infieles y han traído sus técnicas de construcción.

El estilo en el que se habían levantado las iglesias y los monasterios llamó la atención de Bernard, nunca había visto este tipo de construcciones y le parecieron muy originales.

—A pesar de que apenas hay piedra en su construcción, parece que son muy sólidos y consistentes —dijo.

—Sí, afirmó el joven, también las fortalezas defensivas se han levantado con ladrillos y resisten muy bien las acometidas de los sitiadores ya que sus muros son muy anchos.

Se detuvieron en una taberna donde descansarían mientras comían antes de reiniciar su viaje.

—¿Has probado alguna vez los pichones? —preguntó a Bernard.

—No sé qué es eso, creo que no los he comido nunca.

—Los pichones son las crías de las palomas cuando comienzan a cambiar el plumón, entonces son sacados del nido y se guisan o se asan; es una de las especialidades de esta región.

—No, lo más parecido que he comido es la caza: codornices o perdices; pero no recuerdo haber comido nunca palomas y menos a sus crías.

—Pues lo vas a probar, vamos a pedir uno asado y otro estofado a ver cuál te gusta más.

Bernard le confirmó a su joven amigo que tenía razón, porque de las dos formas estaban exquisitos, aunque le confesó que estofadas le parecían más sabrosas.

—Pues si quieres pedimos otra ración de estofado.

—No, que todavía tenemos varias horas de camino y viajar con el estómago lleno no es bueno, ya tendremos oportunidad de saciarnos cuando no tengamos que seguir el viaje.

Ese día Rodrigo tenía previsto llegar hasta Mansilla de las Mulas, era una población floreciente ya que se estaba convirtiendo en un centro comercial y ganadero muy importante en toda la comarca.

Cuando llegaron al pueblo buscaron una posada que Rodrigo conocía. Se encontraba en las afueras de la población, a un centenar de metros de la muralla y muy cercana al río. Allí estarían bien ya que la posada estaba rodeada de árboles y disponía de un amplio patio en el que podían descansar con comodidad.