Bernard fue separando la información que tenía de cada una de las encomiendas. Todos los datos que le había proporcionado el maestre los puso en dos zurrones de cuero, uno se lo quedó él y el otro se lo entregó a Rodrigo.

Estaban preparados para comenzar la misión, cuando terminaran regresarían a la finca. Como Rodrigo tenía asignados menos lugares para visitar, sería quien primero finalizaría y esperaría a Bernard hasta que regresara para ponerle al corriente de todo lo que había hecho.

Esperaron a que llegara la familia de Rodrigo y pasaron un día con ellos. Sin entrar en muchos detalles, le comentaron a Sancho cuál era el plan que tenían elaborado y cómo esperaban finalizar antes que el verano hubiera concluido, volverían a la finca y comprobarían el resultado de lo que habían hecho.

—Toma —dijo Sancho a su hijo mientras extraía de su dedo el anillo con el sello de la familia —Te corresponde llevarlo a ti, si alguno de los preceptores no te conociera, sí conocerán el sello de la familia y te respetarán como siempre han respetado a quien lo portaba.

Bernard también le dio una bolsa con monedas de oro y de plata, pero el joven no quiso aceptarlo.

—Son de la Orden —dijo Bernard —cuando las cogí fue para que sirvieran para este fin, en el baúl tengo más bienes de la Orden que los dejaré aquí en custodia —dijo mirando a Sancho.

—Aquí estarán seguros hasta tu vuelta —dijo el anciano.

Inesperadamente recibieron la visita de una comitiva de soldados que venían encabezados por Roberto, que deseaba conocer las novedades del plan que había diseñado Bernard y de paso venía a ponerle al corriente de la información que le habían traído de Roncesvalles sobre su pequeño.

Aquellas noticias sobre el estado y la evolución de su hijo parece que animaron mucho a Bernard. Había pasado tanto tiempo sin saber nada de él que era muy agradable que las noticias que recibía fueran tan buenas. Después de escuchar el relato que Rodrigo le fue transmitiendo según él lo había oído de Enrique, le pidió una vez más que se lo repitiera y entró en todo tipo de detalles.

Se imaginaba al pequeño correteando detrás de las gallinas y sonrió viendo en su mente esta escena que se estaba perdiendo de la evolución de su hijo dando sus primeros pasos.

Después de la cena brindaron por el éxito de la misión que tenían por delante, que deseaban que se desarrollara cuanto antes y sin el menor contratiempo.

Fin del capítulo XXXI