Puso al corriente de una forma escueta a Sancho y a Rodrigo sobre el nuevo cometido que le había sido asignado. También les comentó, que al recibir la nueva misión, le dijo a Roberto que las dos condiciones que ponía eran que Rodrigo fuera su hombre de confianza y establecer el centro de operaciones en la finca que Sancho tenía.

—Faltaría más —repitió Sancho —puedes disponer de ella como necesites. Teníamos pensado trasladarnos allí dentro de diez días para comenzar la cosecha, pero podemos salir cuando tú lo decidas.

—Si le parece, mañana nos vamos Rodrigo y yo, no hace falta que alteren sus planes, vayan cuando tenían previsto hacerlo. Así, en estos días voy aleccionando a Rodrigo sobre cómo tiene que hacer para que se encuentre los menos problemas posibles y cuando éstos surjan sepa cómo tiene que solucionarlos.

Como había propuesto Bernard, al día siguiente estaban él y el joven Rodrigo en la finca. Se alojaron en un cuarto que estaba dispuesto para los invitados, el cual era amplio y muy soleado. Disponía de una gran mesa de madera sobre la que Bernard comenzó a trabajar planificando todas las visitas que tenían que hacer y la llenó enseguida de papeles, documentos y planos.

Por la mañana, mientras Bernard establecía en el papel el programa que seguirían, Rodrigo organizaba los trabajos que los criados debían desarrollar. Primero segarían la cebada y el centeno y dejarían el trigo para el final. Las gavillas las iban apilando en las eras donde las iban extendiendo en unas amplias parvas, las mujeres y los niños, sentados en los trillos, se encargaban de ir separando la paja del grano, luego los hombres la iban arrojando al aire cuando había un poco de brisa para que el grano se quedara a sus pies y la paja fuera cayendo unos metros más lejos.

Por la tarde, después de comer y hacer una buena siesta, Bernard se reunía con Rodrigo y le iba explicando una y otra vez cómo hacía él para ganarse la confianza de los preceptores. Ahora debía de ser menos complicado ya que portaban los escritos del maestre, además; Rodrigo era conocido por varios de los preceptores.

Luego le fue explicando cómo hacía él para elegir el lugar más idóneo donde ocultar los bienes y superar los contratiempos que se fueran presentando.

Por último, Bernard hizo especial hincapié en la forma que debía adoptar para señalar el lugar en el que lo había ocultado. Seguirían utilizando el símbolo “pi” y la distancia a que se encontraba lo que habían escondido.

Bernard planificó con calma las visitas a las encomiendas. Había hecho una división de la relación que le habían asignado. Sin contar la de Ponferrada que ya estaba a salvo, de las veinte encomiendas que tenían asignadas le había encargado ocho a Rodrigo y él se ocuparía de las doce restantes.

Calculó una semana para solucionar la situación de cada una de las encomiendas. Entre el tiempo que emplearían para llegar, establecer contacto con el preceptor y ocultar los bienes. Como algunas se encontraban muy cercanas, quizá en muchos casos sería menos el tiempo que tendrían que emplear y ese ahorro lo dedicarían a los imprevistos que fueran surgiendo o para descansar. De esta forma en tres meses, la mitad de lo que le había dicho a Roberto, podrían terminar la misión si todo se desarrollaba sin contratiempos relevantes.