A Bernard le habían surgido muchas dudas antes de hacer su planificación del recorrido que iba a realizar. Tenía dos rutas muy definidas, una que se dirigía hacia el sureste que enlazaba varias encomiendas llegando a Medina del Campo y la otra que iba hacia el sur y llegaba hasta Ciudad Rodrigo. Cuando llegara a la última de las encomiendas de cualquiera de las rutas enlazaría las dos últimas poblaciones. Esa representaba la distancia mayor que tenía que recorrer entre dos encomiendas y luego regresaría por la ruta que hubiera elegido en segundo lugar hasta llegar de nuevo a León.

Después de analizar los pros y los contras se decidió por la ruta que iba hacia el sur, en ella había más concentración de encomiendas y la distancia entre ellas era mucho más corta; así, si no disponía de tiempo suficiente para terminar en el plazo que se había marcado, visitaría el mayor número de lugares posible.

Dos días después de iniciar su misión llegó a la primera cuidad que debía visitar, se trataba de Benavente, y antes de dirigirse a la encomienda que tenía en su lista, como había llegado muy tarde, decidió buscar una posada para descansar y a la mañana siguiente, después de desayunar, visitaría al preceptor de la encomienda.

Benavente era una ciudad próspera, estaba enclavada en una arteria que ya los romanos usaron para enlazar las principales ciudades de esa parte de su imperio. Su situación estratégica le permitió un desarrollo que los condes que gobernaban la ciudad supieron aprovechar para potenciar los negocios que mantenían en aquella plaza.

A la mañana siguiente, se dirigió hasta donde se encontraba la encomienda que se proponía visitar. Preguntó por Miguel que era el preceptor y uno de los criados le señaló a un hombre que se encontraba en el interior de la estancia.

Tocó con los nudillos en la puerta y el hombre levantó la cabeza fijándose en aquel desconocido, tratando de recordar de qué podía conocerle.

-¿Es usted Miguel? – preguntó Bernard.

-¿Quién pregunta por él? – dijo el preceptor.

-Mi nombre es Bernard y vengo de parte del maestre de la orden con una misión que debo exponerle únicamente a él.

Bernard se sentó frente a Miguel y le fue poniendo al corriente de los detalles del encargo que le había llevado hasta allí. Mientras le hablaba ratificaba algunos datos en un documento que observaba constantemente y cuando terminó, desplegó el documento que estaba firmado por el maestre y se lo mostró para ratificar que cuanto le había dicho era verdad. Una vez que hubo terminado, esperó unos minutos observando las reacciones que tenía su interlocutor.

-Estaba avisado de su llegada – dijo Miguel – Hace unas semanas pasaron por aquí los preceptores de Zamora y de Ciudad Rodrigo y me hablaron de la reunión que habían tenido en Ponferrada con el maestre y con usted.