-Aunque parece que es muy difícil – dijo Lucas – verás que resulta muy sencillo, puedes hacerlo utilizando códigos o utilizando un cifrado.

-Pero me parece muy complicado –comentó Bernard – no sé por dónde debo empezar.

-Déjame que lo piense un poco, esta noche le daré una vuelta a lo que me propones, seguro que mañana te doy alguna luz sobre lo que preguntas, para que puedas pensar en ello y seas tú mismo quien desarrolle el sistema que más te interese desarrollar.

Ese día Bernard deseaba más que nunca que llegara la hora en la que el resto de los monjes estuvieran retirados en sus celdas para encontrarse de nuevo con el anciano y comprobar hasta dónde llegaba la sagacidad de éste; ya que él, por más vueltas que le daba, no lograba encontrar la clave de lo que deseaba hacer.

En el taller tenía mucho trabajo y estuvo todo el día ocupado terminando de lijar unas piezas que tenían para dejarlas muy suaves antes de pintarlas. Parecía que las horas no avanzaban con la premura que el deseaba. Ni tan siquiera la compañía de su pequeño, al que estuvo enseñándole como dejar muy suave al tacto la madera, logró apartar de su mente la entrevista que iba a mantener por la noche y que tanto deseaba celebrar.

Cuando por fin todas las velas del monasterio se encontraban apagadas, bueno casi todas ya que la del scriptorium y la de la cocina seguían encendidas, Bernard a hurtadillas salió de su celda dirigiéndose al encuentro del anciano.

-He estado pensando en lo que hablamos anoche – dijo Lucas.

-¿Y? – preguntó Bernard.

-Bueno he avanzado algo; siempre, cuando dejamos la mente en blanco y sabemos buscar bien en ella, nos salen esas ideas que generalmente se encuentran en nuestro interior, solo hay que saber buscarlas.

-Entonces – susurró Bernard – habéis dado con algún sistema para cifrar un documento.

-Como ayer os dije, hay muchas formulas, pero antes de nada, lo que deseáis cifrar son únicamente letras o también deseáis cifrar números.

-Letras – dijo apresuradamente Bernard – Bueno, también algunos números – comentó pensando en las medidas que había puesto con el símbolo «pi» en la mayoría de las encomiendas.

-Entonces os sugiero que utilicéis dos métodos, uno para la escritura y otro para los números – propuso el anciano.

-Habéis pensado cuáles pueden ser los dos métodos, estoy ansioso por conocerlos.

-Claro que he pensado en ellos – dijo Lucas – pero es mejor que seáis vos el que los desarrolle, si os lo digo yo, ya no será vuestro cifrado, será de los dos y por el interés que veo que estáis tomando en este asunto, creo que solo debéis conocerlo vos y la persona a la que le confiéis vuestro secreto.

-Por más vueltas que le he dado al asunto, no creo que pueda hacerlo – dijo Bernard.

-Claro que podéis, por lo que os conozco, os aseguro que antes de una semana habréis dado con el sistema y si no es así, entonces os diré varias formas para que utilicéis la que más os guste.

-Pero esperaba que me ayudarais un poco, al menos que me facilitarais los primeros pasos que debo dar – comentó Bernard.

-Está bien – dijo el anciano – pero me estáis decepcionando un poco, yo os creo más capaz, aunque a veces nos obcecamos con un sencillo problema y no vemos la solución que es aún más sencilla.