almeida – 18 de junio de 2017.

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            Cuando asistimos a una feria de artesanía y sostenemos en nuestras manos una de esas piezas que hábiles manos artesanas se han encargado de modelar y el horno ha sabido aplicar sobre ella la temperatura necesaria para hacerla resistente,

solemos admirar la belleza de la obra que está en nuestras manos y en ocasiones hasta pensamos en el talento heredado de quien la ha creado, pero muy pocas veces llegamos a imaginarnos la evolución en el conocimiento, que se ha ido transmitiendo de una generación a otra y menos en el proceso que los artesanos de la alfarería deben seguir para que cada una de las obras conserve todo el saber que los antepasados han ido poniendo en esa pieza que sostenemos.

SAF 160903 0105            Algo de esto debió venir a mi pensamiento cuando en la reciente feria Raíces de Zamora, contemplando la exposición de piezas de artesanía que nos mostraban Paco y Mari Paz de Moveros. Les propuse que me gustaría conocer todo el proceso que seguían para que del barro, un material inerte, salieran aquellas obras tan cuidadosamente elaboradas que para mí representaban esa perfección, que solo se puede conseguir con unos conocimientos que no se encuentran al alcance de todos.

            Estos artesanos de la alfarería aceptaron mi petición y quedamos que en el momento que fueran a poner el horno en funcionamiento para cocer las piezas que estaban creando, me avisarían para que viera la parte final de todo el proceso y me iban explicando cómo se hacía para conseguir el resultado final que es el que todos podemos ver.

            Moveros, es una población que se encuentra al noroeste de la provincia de Zamora y su término municipal, limita con la frontera portuguesa de la que la separa la Sierra de Bouzas, cuenta con un terreno muy arcilloso que fue el que propició la técnica que desde hace mucho tiempo se emplea para elaborar utensilios de alfarería que durante gran parte de la historia han sido muy apreciados y en algunos momentos llegaron a representar la mayor fuente de riqueza de la población, porque una buena parte de sus habitantes se dedicaban de forma principal a este recurso y quienes no lo tenían como la fuente principal de ingresos lo tenían como actividad complementaria.

SAF 160903 0121Según nos comentaba Paco en la larga entrevista que tuvimos ocasión de hacerle mientras procedía a cocer las piezas en el horno, antiguamente las mujeres que se dedicaban a hacer cacharros, eran las que más tardaban en ser pretendidas, porque si se dedicaban a esto era porque no tenían tierras que labrar y no se las consideraba un buen partido. Eran otros tiempos en los que la profesión de artesano de alfarería no estaba muy bien vista y vulgarmente se les denominaba cacharreros, en lugar de artesanos o alfareros.

            Lo más importante en este trabajo es saber elegir bien el barro que se va a modelar y por ello, los artesanos era una labor que no se la encomendaban a nadie y eran ellos mismos los que se encargaban de escoger las mejores tierras que luego darían el resultado que deseaban y esto se conseguía con la experiencia, porque no todas las tierras son iguales y también dependiendo de la materia prima que se seleccione, se evitan muchas roturas y grietas que se producen cuando se somete a las piezas a las altas temperaturas que tienen que soportar en el horno.

            El barro con el que se elabora toda la alfarería de Moveros proviene principalmente de esta población y de la vecina Ceadea y es el ayuntamiento el que se encarga de conceder la solicitud de la extracción que se desea obtener a cambio de unas tasas y de esta forma se evita que se comercialice con el barro de la zona y se mantenga el equilibrio en el ecosistema.

            La arcilla con la que se elabora la alfarería de Moveros, se encuentra en lugares muy determinados y tiene que tener unas características muy concretas. Como dato anecdótico hay una veta importante de la que se

 obtiene esta arcilla y a 500 metros de ella hay otra de la que se obtiene un material excelente para la elaboración de tejas, pero que no serviría para la alfarería que se hace en el pueblo.

         

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   La materia prima, parece granito descompuesto y una vez se localiza la veta, se va ahondando hasta unos ochenta centímetros apartando la capa superior y extrayendo únicamente la parte que a cada uno más le gusta para el trabajo que va a realizar.

            Antiguamente todo se hacía a mano, una vez que se obtenía la tierra, con palos se iba machacando y luego se tamizaba y con agua se iba haciendo el caldo que también se tamizaba hasta que se conseguía la mezcla de la pasta que cada uno deseaba. Era un trabajo muy laborioso y perjudicial, porque aunque utilizaban mascarillas, el polvo que se producía iba directamente a los pulmones produciendo graves problemas de respiración.

      

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      Ahora las técnicas van cambiando y se utiliza maquinaria en cada uno de los procesos, de esa forma se reduce una buena parte del trabajo y se aprovecha más la materia prima, hasta un 20% de aprovechamiento y la pasta que resulta al final de este proceso, es más homogénea, porque antes el viento se llevaba el polvo más fino que en la mezcla final le da a la masa una textura diferente.

            También ha cambiado la forma del torno porque antiguamente se hacia el trabajo de rodillas y ahora se realiza sentado, lo que no se ha modificado es la parte final de la cocción de las piezas porque el horno y la forma de utilizarlo sigue siendo lo mismo.

            Esta es quizá la parte más importante en todo el proceso de elaboración y requiere de unos conocimientos que han sido transmitidos de los antepasados y como alguno decía en cierta ocasión, los que entienden de esto un poco, es porque han comido barro envuelto en el chupete.

            La leña, no sirve cualquiera y para conseguir esos colores tan bonitos generalmente se emplean ramas de urz y en algunas ocasiones de jara porque le consiguen dar esa tonalidad tan bonita que hace diferente a estas piezas.

            La leña se va a cortar el mismo día de la cocción y de esa forma no se le caen las hojas y con la humedad que conservan, proporcionan ese toque tan especial  y que a algunos como a Paco el artesano les gusta tanto.

SAF 170508 0150            La forma del horno también es importante, todo en cada uno de los procesos tiene su importancia, aunque hay unas cosas que son más relevantes que otras y el horno es una de ellas.

            Cuando hizo el horno que ahora utiliza para cocer las piezas, decidió ponerle una boca cuadrada, pero un viejo herrero que su familia eran también alfareros, se lo preguntó extrañado y la explicación que le dio, fue que era para meter mejor la leña. Pero el viejo no estaba convencido que fuera así y se lo manifestó, le dijo que las cosas se hacían como siempre se habían hecho, pero él siguió con su idea de hacerlo cuadrado, además era innovar y qué sabrían los viejos de innovación.

            Cuando hizo las primeras hornadas, se dio cuenta que por aquella boca entraba mucho aire y que eso hacía que las piezas más grandes se agrietaran y la piedra de la parte superior de la boca del horno, se estaba comenzando a agrietar por lo que remodeló aquel horno y lo hizo como los demás que había en el pueblo y pensó en aquel refrán que aseguraba que algo tendría el agua cuando la bendecían.

            Las piezas que se han trabajado y terminado y se han ido secando lentamente al sol, son llevadas al horno y se van colocando unas junto a otras y sobre otras, se aprovecha cada uno de los huecos y la experiencia hace que se vayan colocando de una forma que a todas les llegue la misma intensidad de calor y que todos los lados reciban la misma tonalidad que da el fuego.

    

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        Por eso, algunas de las obras presentan una característica especial que denominan besos y es que al apoyarse una en la otra en ocasiones dejan una marca similar a la que pueden dejar unos labios pintados cuando entregan un beso.

            Cuando todas las piezas han sido colocadas sobresaliendo del horno, la parte que sobresale se va cubriendo con restos de piezas cerámicas que se rompieron y se hace con ellas una cubierta que hace las veces de bóveda.

            Entonces ya todo se encuentra listo para encender el horno y las ramas van ardiendo enseguida, pero no es conveniente que el calor sea muy alto en poco tiempo, porque quebraría parte de las piezas, es mejor que vaya subiendo la temperatura poco a poco, hasta que consigue alcanzar los mil grados.

            Cuando las ramas se encuentran al rojo vivo, se van extrayendo del interior del horno y se esparcen por la parte superior de la cúpula que se ha ido formando con restos de vasijas desechadas y de esa forma la temperatura dentro y fuera es constante y va aplicándose homogéneamente a todas las piezas que se han colocado en el horno.

            Da la sensación de encontrarnos en otro mundo observando como las llamas van escapando por cada rendija que encuentran y el humo consigue cubrirlo todo, hasta que escapa mezclado con el viento por las zonas libres que encuentra en la nave que acoge el horno.

            Las piezas de arcilla que se han introducido en el horno también se ponen al rojo vivo y es en esos momentos cuando se llega a las temperaturas más elevadas y solo la experiencia que dan los años permite al artesano saber cuándo es el momento en el que las piezas ya están dispuestas para ir reduciendo el fuego, es cuando se observa ese tono rojo blanquecino, cuando ya ha llegado al punto de cocción que va a ofrecer unos colores y unas tonalidades deseadas por el artesano.

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Antiguamente en Moveros había tres hornos comunales, uno por cada barrio que había en el pueblo y como en todas las casas siempre había alguien que hacia cacharros, como ellos decían, cuando tenían preparados los que iban a necesitar cocer, se juntaban cuatro o cinco personas que se encargaban de ir a por la leña y avivar el fuego del horno y cada uno iba introduciendo en el horno sus piezas. Para evitar que luego se confundieran, cada uno ponía en sus piezas una señal, como los antiguos canteros que trabajaban la piedra, de esa forma al sacarlas del horno se sabía cuál era la de cada uno de los artesanos.

Hay piezas que se han conservado después de muchas generaciones, hasta diez y se ha podido ver además de la evolución de las piezas, quienes las elaboraron porque la arcilla ha sido una de las fuentes de información importantes que ha habido a lo largo de la historia.

De los tres hornos comunales que había en Moveros, en la actualidad solo quedan dos y en malas condiciones y sería bueno que como son propiedad del Ayuntamiento, éste se preocupara de restaurarlos y que formen parte de la historia del pueblo que se pueda legar a generaciones venideras para que conozcan una parte de la historia y de las costumbres de esta localidad.

Según Paco, sería necesario reconocer la labor de las mujeres alistanas y hacerlas un monumento, porque son ellas las que han sabido mantener una buena parte de las tradiciones que en la actualidad conocemos.

En la alfarería de la zona, las tareas de cada uno estaban bien definidas, han sido las manos de las mujeres las que han sabido dar forma a esas piezas que resultan tan hermosas y ellas supieron dar ese toque de distinción a la alfarería de Moveros, pero no lo hacían siempre como un único trabajo, ellas se encargaban de las tareas de la casa y en ocasiones del campo y cuando se encontraban cansadas después de una dura jornada, elaborar una o varias piezas de artesanía era su forma de descanso porque era el momento en el que se podían sentar mientras iban creando lo que las demandaban. 

El origen de esta elaboración y sobre todo de las formas que se da a algunas piezas dicen que es árabe, quizá por eso la barrila cuando se está elaborando tiene la forma del miembro masculino y seguramente en esto las mujeres se esmeraban, aunque ahora los hombres sonríen cuando ven cómo se van haciendo, aunque al final se desvirtúa un poco la imagen.

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   Distintos momentos de la cocción del barro – Fotos: Javier Andrés Mitanda y Juan Carlos Revilla Blanco