En una iglesia pequeña,
que se halla a extramuros,
vela el Campeador sus armas
antes de ser investido.
 
Se ha pasado la noche
postrado ante el altar,
mientras Santiago contempla
al que se va a ordenar.
 
Por la mañana ante el rey
el Cid jura lealtad
y le ordenan caballero
a un hombre que es leal.
 
No olvidará el caballero,
aquel sitio y el lugar
y esa noche tan hermosa
en la que vivió mil sueños,
 
y en cada uno de ellos
se alzaba el Cid victorioso,
en los cientos de batallas
que tendría que librar.
 
Pero incluso los sueños
se pueden equivocar
ya que en ninguno soñó
que un día sería inmortal.